Por Jérôme Blanc [1]*
Las monedas paralelas son medios de pago y unidades de cuenta muy diversas utilizadas paralelamente a las monedas nacionales. Un intento de inventorio de las monedas paralelas sobre un período reciente (1988-96) revela su existencia en situaciones que se pueden calificar de normales. Esta permanencia conduce a interrogar los fundamentos de la teoría económica. Esta por su parte sólo se interesa en este fenomeno en forma muy marginal y muestra muchas dificultades para dar cuenta de ello. Este texto esboza las pistas de un re-examen crítico del concepto de moneda y de un esquema general de prácticas monetarias del que el uso permanente de monedas paralelas formaría una parte integrante.
Parallel
money consist of means of payment and units of account of very different sorts.
They are employed beside the national currencies. An inventory of parallel
money on a recent period (1988-96) gives evidences of their use in
“ normal ” circumstances. These evidences lead to question the way
the economic theory considers such a phenomenon ; but it considers parallel
money as fringing situations and shows great difficulties to take it into
account. This text outlines the ways to a critical reappraisal of the money
concept and to a general schema of monetary uses of which parallel money would
be an integrant part.
El empleo de las monedas que
sustituyen a la moneda nacional es una situación que los economistas conocen y
estudian frecuentemente. El fenómeno de
la dolarización y el de la substitución de monedas han dado lugar a una
literatura muy abundante que intenta evaluar los determinantes de estos
fenómenos así como sus implicancias sobre las tasas de cambio y sobre la
eficacia de las políticas monetarias1.
En el centro de estos
estudios se encuentran monedas de diversos orígenes, currency en el sentido
anglosajón; su yuxtaposición en las carteras de los agentes produce un fenómeno
que se puede calificar como moneda paralela. Esta observación de la
dolarización de ciertas economías o de la substitución de diversas monedas
nacionales constituye el punto de partida de una reflexión que amplía
considerablemente la perspectiva de las monedas paralelas. Esta observación de
la posibilidad de que los agentes económicos empleen otras monedas en lugar de
la moneda nacional, propone dos grandes cuestiones: –cuáles son precisamente
éstas prácticas, y si son frecuentes, y, en consecuencia, cómo hace la teoría
económica para tener esto en cuenta, y qué hacer si ella lo hace de una
manera incorrecta o parcial.
La respuesta a la primera
pregunta conduce a un enfoque nuevo de las monedas paralelas. Éstas no se
limitan más a las monedas nacionales, cuya confrontación dentro de las carteras
de los agentes produciría un cierto grado de substitución de las monedas o de
dolarización, pero ellas toman el aspecto de un vasto ensamble de instrumentos
monetarios (se diría empleadas en pagos y/o cobros) que no se reducen a monedas nacionales y cuyo carácter monetario
es, tal vez, discutible.
La selección de este trabajo
es de esta manera, la observación y el análisis de las prácticas monetarias de
los actores; desde este punto de vista, todo instrumento toma un carácter
monetario desde el momento en que está empleado en cobrar o pagar. De esta
forma se hace necesario una revisión de la teoría sobre el concepto de moneda.
Pareciera, en definitiva, que las monedas paralelas son empleadas en todos los
países contemporáneos bajo formas extremadamente diversas, que no se reducen
solamente a la dolarización, que sería sólo la punta del iceberg. En
consecuencia, aún si la teoría económica reconoce estos usos, tales como la
dolarización o la substitución de monedas, pareciera que no advierte totalmente
este carácter generalizado permanente y diversificado del empleo de
monedas paralelas. Esto conduce a interrogar
los fundamentos de la teoría monetaria, es decir conducen a una reflexión sobre
concepto de moneda y sobre las determinantes de la aceptación colectiva de los
instrumentos monetarios.
Evaluación de la
amplitud y de la naturaleza de monedas paralelas
Definición de monedas
paralelas y cuadro de la investigación
Estos interrogantes sobre las
monedas paralelas necesitan en primer lugar una suerte de encuesta a fin de
evaluar la amplitud y la diversidad del fenómeno2. Éste está
abordado desde el punto de vista de prácticas
monetarias. Las monedas paralelas son, de esta manera definidas como:
· Las unidades de cobro
diferentes a las unidades de cobro nacional.
· Los medios de pago difieren
de los medios de pago nacionales, éstos están definidos como medios de pago que
disponen de un poder de liberación legal, que dispone de una garantía de
convertibilidad en moneda central y que son emitidas bajo un cierto control de
la autoridad monetaria nacional.
Las monedas paralelas son
pues, instrumentos monetarios que los actores emplean en cobrar y/o pagar. Las
dos funciones monetarias de cobro y pago son el centro de esta investigación. A
ese estricto nivel de definición uno podría dejar de lado la función de
reserva, pues si ella posee un rol
evidente dentro de la dinámica de la economía y dentro del comportamiento de
ahorrar y de invertir de los actores, ellas no se detendría menos una
función no autónoma de dos funciones
fundamentales que son el cobro y el pago, y no específicamente monetarias en la
medida donde todo bien puede constituir una reserva de riquezas pero no
constituyen un instrumento monetario3.
La investigación de ejemplos
de monedas paralelas consiste en colocar en evidencia prácticas monetarias
sustentando instrumentos de cobro y de pago distintos de la moneda nacional,
teniendo en cuenta la manera en que ha sido definida. El cuadro es el de las
relaciones internas del espacio nacional, unidad homogénea en materia monetaria4.
Limitaremos además esta encuesta al
período 1988- 96, muy rico en acontecimientos y en crisis monetarias, la cual
permite concentrar las observaciones y
redactar una lista de lugares de prácticas monetarias paralelas en el mundo
limitándonos a este corto período. De esta manera hemos censado 465 ejemplos en
donde se han empleado instrumentos monetarios paralelos en 136 estados del
mundo. Teniendo en cuenta los límites del ejercicio en términos de tiempo y de
capacidad para interrogar las prácticas monetarias de cada país en particular,
el resultado nos hace pensar que actualmente en todos los países existen
instrumentos monetarios al margen de la moneda nacional, aún si ésta está
considerada como fuerte y es generalmente aceptada por los actores. La
tipología que se mostrará no resultará,
en el fondo, muy sorprendente.
Tipología y origen de los
instrumentos monetarios paralelos
A favor de este
inventario de monedas paralelas se
revela que el dólar y otras monedas extranjeras no constituyen más que una
parte de un muy vasto ensamble de instrumentos monetarios paralelos que no se
reducen solamente a divisas. Se puede distinguir según el origen de la creación
de estos instrumentos cuatro grandes grupos de monedas paralelas y subrayar la
especificidad de una categoría transversal, la de paramoneda. Cada uno de estos
cuatro grupos, en efecto, se componen de instrumentos a priori destinados al
ensamble de actores y al ensamble de bienes y servicios disponibles, y de
instrumentos cuyo empleo está a priori confinado a un ensamble muy restringido
de bienes y servicios y/o de actores: las paramonedas.
Cuatro grupos de monedas
paralelas
No pretendemos que el
ensamble de elementos monetarios paralelos censados en estos cuatro grupos sean
monetarios; al contrario, presentan un carácter monetario, pues ellos son el objeto
de prácticas de cobro y/o pago.
1. Instrumentos monetarios
derivados de una colectividad territorial
Un primer grupo se compone de
instrumentos creados dentro del cuadro de una colectividad territorial o
imitando esta clase de instrumentos monetarios, 58% de los instrumentos
monetarios paralelos censados en el período 1988-96, relevados de este grupo.
Éstas colectividades territoriales de donde provienen las monedas paralelas
podrían ser el Estado dentro del cual uno tiende justamente a observar las monedas
paralelas (monedas antiguas, por ej), estados extranjeros (monedas extranjeras)
pero también de municipalidades, de regiones (monedas de emergencia -bonos del
Estado). Los instrumentos creados pueden tener roles extremadamente limitados
(bonos de privatización emitidos en los países de Europa central y oriental a
comienzo de los años 1990). Ellos pueden también ser los indexadores destinados
a substituir poco a poco la unidad de cobro nacional desfalleciente a causa de
un proceso hiperinflacionario (Brasil 1994). Hay que tener en cuenta la
existencia de falsificaciones de algunos de estos instrumentos, en particular
la falsificación de la moneda nacional.
En medio de este grupo de
monedas paralelas, las monedas extranjeras son las más importantes. En general
ellas constituyen el 33% del total de instrumentos monetarios paralelos
censados durante el período 1988-96, sin distinción entre ellas. El dólar
americano representa entre el 44% y el 57% de estas monedas extranjeras5;
luego siguen un 10% de marcos alemanes y un 8% de francos. Se sobreentiende que
las monedas extranjeras son las monedas paralelas más frecuentemente
identificadas (33% del total), también son las
más identificables, pues ellas, contrariamente a otros instrumentos
monetarios paralelos, son instantáneamente concebidos como instrumentos
monetarios. Por otra parte son las monedas paralelas más irritantes porque
ellas se imponen, generalmente, dentro del espacio monetario de un país. Pero
este porcentaje del 33% muestra sobre todo que no se debe reducir a la
categoría de moneda paralela solamente a las monedas extranjeras.
2. Instrumentos monetarios
derivados de organizaciones y de tipo comercial o administrativos
Un segundo grupo lo
constituye el 7% del total de instrumentos monetarios paralelos censados
durante el período 1988-96, se componen de instrumentos creados por
organizaciones de tipo comercial (empresas, bancos, etc.) o administrativas
(prisiones, ejército).Se puede tratar de monedas de emergencia, de monedas
llamadas privadas, dentro del cuadro de una organización oficial de emisiones
monetarias, pero también de sistemas de puntajes de compras colocados por los
comerciantes para poder mantener fiel a su clientela, de unidades de cobro
creadas ad hoc para asegurar un funcionamiento de cobro ajeno a la inflación de
un país o a las vicisitudes de la tasa de cambio, etc. También se puede tratar
de bonos de compra de validez limitada, es decir de instrumentos que permiten
adquirir bienes o de acceder a servicios según las modalidades a las cuales la
ley los restrinja. Estas obligaciones limitan la validez del instrumento en el
tiempo, en el espacio, en la elección de bienes y servicios, así como en las
personalidades morales y físicas que los emplean y las que los aceptan. Los
valores de servicios como por ej. los valores de los restaurantes emitidos por
empresas privadas, son bonos de compra
con validez limitada.
3. Instrumentos monetarios
derivados de colectividades de personas con vocación no comercial
Un tercer grupo, comprende el
10% de los instrumentos monetarios paralelos censados en el período 1988-96, se
componen de instrumentos creados por y en el seno de colectividades de personas
sin que haya intención comercial o intervención estatal. Estos instrumentos
reposan sobre una lógica comunitaria de circulación recíproca de riquezas
organizado sobre una base de deuda social indefinidamente mantenida. Estos
instrumentos pueden ser paleomonedas empleadas en el seno de comunidades en las
cuales la monetarización de tipo moderno (instrumentos monetarios legales y
circulación comercial de riquezas) no ha penetrado mucho6. También
se puede tratar de unidades de cobro oral elaborados con el correr del tiempo,
o hasta de microsistemas monetarios elaborados en el seno de pequeños grupos
asociados( tipo ley 1901 en Francia), los SEL (Sistemas de cambio local)7.
Los SEL intentan organizar un funcionamiento de cambios de tipo comunitario,
intermediario entre el intercambio mercantil y al dádiva contra dádiva que justamente
prevalece entre las sociedades con paleomonedas.
4. Instrumentos de origen
no específicamente monetarios
Un cuarto grupo se compone de
instrumentos que tienen un rol monetario según ciertas circunstancias, pero
cuya vocación no es la inicial. Se trata de bienes, de unidades físicas de
activos.
La categoría transversal
de las paramonedas
En medio de estos cuatro grupos emerge una categoría
transversal, la de las paramonedas. Las mismas son instrumentos monetarios
empleados al margen de la moneda nacional y no contra ella. Ellas no tienen
vocación de sustituirla pues no pueden asumir más que roles muy específicos.
Ellas son complementarias:
· Son empleadas por un ensamble
específico de bienes y servicios (compras de alimentación por los valores de
los restaurantes,
· sistemas de puntaje de
compras destinados a mantener la fidelidad del cliente);
· Son empleados por actores
específicos (círculos monetarios accesibles solamente a los adherentes, por ej.
los sistemas de intercambio local).
Las paramonedas representan
un 29% de instrumentos monetarios paralelos, censados sobre el período 1988-96,
siendo una cifra próxima a la de las monedas extranjeras; 44% de estas
paramonedas son bonos de compra de validez limitada (cupones de restaurantes,
valores de privatización). Uno observa enseguida la existencia de monedas de
círculo de intercambio (del tipo de sistema de intercambio local o el dólar
times), de unidades de cobro oral empleadas por personalidades del mismo grupo
étnico en AFRICA y de las paleomonedas (18% para cada uno de estos tipos).
El interés de construir esta
categoría de paramonedas reside en su especificidad, su importancia numérica y
sus consecuencias teóricas. En efecto si una cierta cantidad de instrumentos
monetarios, como en particular la unidad de compra y los medios de pago
oficiales son generalmente empleados a
priori, es decir sin limitaciones a priori relativas a las prestaciones o a las
personas8, las paramonedas funcionan sobre la base de tales
compartimentos. O van al encuentro de la definición generalmente aceptada de la
moneda que por ejemplo tiene un poder de compra generalizado. Las paramonedas
disponen sin embargo, de una cualidad
monetaria porque ellas son empleadas en la compra y en el pago. Ellas son, pues
una invitación a una revisión crítica del concepto de moneda. Por otra parte la
existencia de paramonedas no está generalmente percibida como perturbadora por
las autoridades monetarias nacionales, simplemente porque las paramonedas no
son percibidas por ellas como algo
monetario, a diferencia de las monedas extranjeras o de las monedas locales por
ejemplo. Es así que los poderes públicos avalan y alientan, en Francia
notablemente la creación de bonos de compra de validez limitada, por ej. los
cheques culturales, los cupones de restaurantes, etc.). Estos bonos de compra
de validez limitada están destinados a orientar un consumo de bienes o de
servicios apuntando a las personas susceptibles de emplearlas y a las
estructuras susceptibles de recibirlas. En cuanto a las monedas de círculos no
son percibidas como peligrosas en tanto que ellas se encuentran confinadas en
un círculo restringido de personas o estructuras.
Las monedas paralelas como
realidad permanente en las economías contemporáneas
Se percibe que las monedas
paralelas, instrumentos de prácticas de pago y/o compra, no se reducen
solamente a las monedas extranjeras ni a los instrumentos percibidos
generalmente como monetarios.
Luego de examinar sus diversas,
manifestaciones, parecería que el término monedas paralelas no puede utilizarse
más que como término genérico describiendo una realidad poliforme; esta
realidad abarca desde los instrumentos instituidos por una autoridad monetaria
nacional hasta los instrumentos utilizados de hecho en las prácticas de pago o
de compra.
El censo realizado en el período
1988-96 permite constatar su diversidad inclusive en nuestros países
occidentales, desarrollados y financieramente estables. Esta diversidad está en
particular ligada a las paramonedas.
Sin embargo nuestras economías
contemporáneas funcionan generalmente sobre la base de un principio de
exclusividad monetaria nacional, en el sentido en que cualquier estado
contemporáneo, la moneda debe generalmente ser:
· Unica, pues ella no responde más
que a una sola autoridad y al conjunto de instrumentos monetarios derivados de
dicha autoridad.
· Exclusiva, pues se le confía el rol de
poder de compra generalizado y es la única que posee este rol.
· Propia del Estado, dentro del territorio en la
cual ella circula.
La realidad de las monedas paralelas viene a contradecir este
principio. Dentro del cuadro de nuestros sistemas monetarios contemporáneo, las
monedas paralelas son susceptibles de estar en todos lados y de ser empleadas
por todos. Actualmente el empleo de instrumentos monetarios paralelos no es un
fenómeno limitado a países en situación de crisis financiera; por el contrario
es un fenómeno generalizado en todos los países. Estos instrumentos son muy
diversos, pero se encuentran reunidos por su carácter de ser el objeto de
prácticas de cobro o de pago. Esta permanencia de las monedas paralelas, la
existencia de tal diversidad de instrumentos, la existencia en particular de
categoría de paramoneda, hacen que el estudio teórico de este fenómeno dentro
del ensamble de sus manifestaciones parezca necesario, bajo pena de dejar de
lado un elemento fundamental :el interrogante ¿qué es la moneda?
Teoría monetaria y monedas paralelas: una
explicación insuficiente
Cómo hace la teoría económica
para explicar la existencia de monedas paralelas. Aquí se limitará a pasar
revista a dos ensambles explicativos. El primero hace de ciertas monedas
paralelas el resultado de tentativas de reforma de la organización monetaria de
la sociedad; el segundo es un ensamble de análisis que se ocupa de fenómenos
específicos, que son la substitución de monedas y la hiperinflación.
Monedas paralelas y
reformas a la organización monetaria
Ciertos tipos de monedas
paralelas son el resultado de la aplicación de teorías económicas de carácter
normativo aparecidos en los años XIX y XX y que buscaban reformar la
organización monetaria de la sociedad. Estas teorías entendidas como sistemas
de ideas a emplear, no necesariamente preconizan sistemas monetarios compuestos
de monedas paralelas. Al contrario los ensayos de aplicación de estas ideas
siempre han conducido a la aparición de monedas paralelas. Ciertamente es, en
efecto, el meollo del concepto (banca libre-free banking), además son
el resultado de enmiendas pragmáticas
de proyectos demasiado ambiciosos (monedas aceleradas y círculos de cambio);
por otra parte son todavía proyectos,
significan el retorno necesario de la realidad a las utopías (abolición de la
moneda). Estas teoría normativas reposan sobre una denuncia de ciertas
características de la moneda, teniendo en cuenta la especificidad de su propia
definición y representación de la moneda. Estas teorías instrumentalizan la
moneda, es decir la transforman en una simple herramienta de una nueva
organización económica y social.
La escuela del free banking y
sus derivadas han intentado formalizar y justificar la existencia de monedas
paralelas denunciando la influencia política sobre la moneda. En el siglo XIX
se formalizó una cierta organización monetaria pre-existente que no tuvo experiencia
previa. Los desarrollos modernos de esta corriente, es decir la competencia de
monedas tal como la preconizó Hayek, White, Selgin, la New Monetary Economics,u
otras, no se han empleado9.
Las otras doctrinas relativas
a la organización monetaria de la sociedad no se centran en la existencia de
monedas paralelas; ellas no son más que subproductos, voluntarios o no de su
aplicación.
Existe una corriente de
pensamiento que tiende a privilegiar la circulación monetaria, en el centro de
la cual se encuentra la teoría de la moneda francesa desarrollada por Silvio
Gesell*10. Dentro de la óptica geselliana, se intenta liberar a la moneda de
tasas de interés y de acelerar la velocidad de la circulación monetaria; se
debe liberar, no la emisión monetaria, sino su circulación. Las consecuencias
están muy alejadas del free banking. Mientras que para ésta la moneda es
privatizada para neutralizar los efectos de la política monetaria, dentro de la
óptica circulacionista, por el contrario, lo importante es la política monetaria.
Esta política monetaria es sin embargo muy particular, ya que se trata de
organizar la depreciación regular del valor de la moneda, sin que se afecten
los precios nominales de los bienes.11 Esta teoría ha suscitado
numerosos debates, en estas esferas ciertamente es poco académico a excepción
otorgado a Gessel por Keynes y Fisher 12,y ha conducido a
experiencias muy localizadas, por lo tanto, a las monedas paralelas13.
De la aplicación pragmática de esta doctrina surge la importancia de redes de utilización
en los cuales se desarrollen y se enraícen el empleo Círculo económico (WIR)14.
El examen de las ideologías
monetarias propuestas por ciertos miembros de CEL conducen a poner sobre el
tapete una tercera corriente teórica. Se trata de la corriente socialista donde
ciertas Moutures (moliendas) desean eliminar la moneda. Se puede tener una
inversión frente a frente de la lógica del free banking y sus derivados.
El free banking pretende, en efecto, salvaguardar la moneda privatizando
su emisión; de esta manera la elimina como factor de lugar y de cohesión
social. La corriente socialista pretende por el contrario, aniquilar la moneda,
sea para beneficio de una economía en la que los intercambios son reglados por
una circulación fiduciaria basada sobre el tiempo de trabajo, sea a beneficio
de una economía puramente amonetaria. En el primer caso está salvaguardado el
principio monetario de una solución de
deudas en el medio de una unidad de cobro. Lo que resulta así, de estas ideas
socialistas, es la conservación, a pesar de ellas, de la moneda, a expensas de
lo que verdaderamente detesta, la vocacióm desigualitaria del dinero15.
En el segundo caso, las tentativas de abolición de la moneda siempre son
traducidas por el acceso a los medios paralelos de cobro y de pago16.
Estos tres grupos de teorías preconizan una transformación de la organización
monetaria de la sociedad permitiendo comprender mejor los orígenes y las
condiciones de desarrollo de ciertos tipos de monedas paralelas, pero no
explican la existencia de monedas paralelas fuera de estas condiciones
específicas.
Substitución de monedas e
hiperinflación
El desarrollo del empleo de
monedas paralelas en ciertas circunstancias, pero sobre todo la permanencia de
este empleo en la mayor parte de los casos permanece inexplicado. ¡Qué hay de
la capacidad explicativa de los enfoques monetarios habituales?. Desde los años
70 ciertos fenómenos son bien conocidos y particularmente estudiados: por un
lado la substitución de monedas, por el otro la hiperinflación. Estas temáticas
están tal vez entrelazadas pues la hiperinflación es un factor poderoso de
desarrollo de la substitución de monedas.
La substitución de monedas es
generalmente estudiada sea para analizar los determinantes de las tazas de
cambio y la eficacia de la política monetaria, sea para evaluar los
determinantes de esta substitución*17. Sólo esta segunda vocación corresponde a
lo que investigaremos aquí para las monedas paralelas. Ahora bien, esta
substitución de monedas está generalmente estudiada en término de elección de
cartera, en una palabra, en activos que
conservan más o menos bien la riqueza; la moneda está considerada como un
activo dentro de otros donde la única especificidad es la ausencia de rendimiento
y de riesgo nominal y son utilizadas en términos de servicios de transacción.
Esta concepción se revela
demasiado estrecha teniendo en cuenta la diversidad de monedas paralelas, e
insuficiente para enfrentar las necesidades teóricas de un enfoque monetario.
En primer lugar, en efecto, estos análisis ponen a prueba las dificultades a
tener en cuenta en las monedas paralelas extrajeras empleadas en pagar, pues
muy a menudo ese no es su objetivo; por otro lado, cuando ellos afirman
estudiar la substitución de monedas a nivel de todas las funciones monetarias,
pareciera que solamente la moneda de reserva es efectivamente analizada por
medio de la elección de cartera. En segundo lugar la substitución en pago y en
compra de instrumentos monetarios extranjeros o de instrumentos monetarios nacionales,
hacen intervenir mucho más que un simple cálculo de oportunidades y de
rendimiento entre éstos activos diferentes por parte de los agentes más o menos
racionales. Esta substitución en compra y en pago significa generalmente, un
cambio en las prácticas monetarias de los actores; es todo el peso de prácticas
socializadas y rutinarias que deben ser interrogadas.
El análisis de la
hiperinflación, se presenta como la confrontación de diversas corrientes18.
Es un fenómeno paroxístico que deja en carne viva la organización monetaria de
la sociedad; teniendo en cuenta esto, su análisis es propicio a reflexiones
críticas relativas a la naturaleza de la moneda. Los análisis existentes de la
hiperinflación hacen, sin embargo, demasiado a menudo abstracción de monedas
paralelas que allí se desarrollan. En particular, pareciera que una cierta
cantidad de enfoques tomados más o menos directamente de la perspectiva abierta
por Cagan en 1956 sean disminuidas por su definición de la hiperinflación como
una simple gran inflación. Esta especificidad es, precisamente el desarrollo de
monedas paralelas. Otros estudios, por ej. los de Salama, Valier, Aglietta y
Orléan, poseen un poder explicativo superior en la materia. Las monedas
paralelas aparecen en sus análisis a la vez, como una consecuencia de la
hiperinflación y como una causa de su
aceleración. La hiperinflación es un fenómeno excepcional en el cual se
exacerba el empleo de monedas paralelas. Salama y Valier proporcionaron un
esquema explicativo convincente de fenómenos en América Latina de los años19.
Ellos ponen en primer plano la destrucción progresiva de las funciones de la
moneda que sigue a la hiperinflación, pero esto no es para ellos la ocasión de
volver sobre el concepto mismo de la moneda. El enfoque de Aglietta y Orléan es
más ambicioso. La hiperinflación, que no es más que uno de los aspectos
rescatados de sus estudios, pone nuevamente sobre el tapete el análisis de este
fenómeno y de la cuestión de monedas paralelas quien está directamente ligado:
la moneda aparece como una institución que no es una especificidad del mundo
occidental y que no se reduce solamente al mundo mercantil que estudian los
economistas. La encontramos bajo otras formas en sociedades primitivas, por
ejemplo; el análisis de éstas puede ser fecundo para comprender mejor la manera
en la cual la moneda es vivida por los actores. El análisis económico de la
moneda no puede desde entonces pasar de un análisis antropológico y sociológico20.
El análisis de la substitución de
monedas rinde difícilmente cuenta del uso de monedas extranjeras en el cobro y
en el pago; por otro lado el análisis de la hiperinflación pasa a menudo al
lado de fenómenos de monedas paralelas; en fin, ambas no aportan más que sobre
las manifestaciones específicas de monedas paralelas y dejan de lado la
diversidad y la permanencia del fenómeno.
teorías de
monedas paralelas y pistas de investigación
Ahora vamos a intentar de
aclarar en entramado teórico de las monedas paralelas y, en particular las
paramonedas a fin de demostrar que la insuficiencia en la aproximación de
conceptos sobre monedas paralelas reposa en un concepto de moneda demasiado
estrecho. El desafío que posee este fenómeno a la teoría económica es pues, de
recomponer el concepto de la moneda, a fin de integrarla. Esto conduce a
inclinarse sobre las condiciones mismas del empleo de la moneda, es decir sobre
el proceso de integración social de la moneda.
Los entramados teóricos de
las monedas paralelas
Ya hemos observado que las
monedas extranjeras, o sea el fenómeno de dolarización y aquel más general de
substitución de monedas, no recubren más que una parte del ensamble tan diverso
de los instrumentos monetarios paralelos. Éstos son a menudo utilizados de
manera muy parcial. Su influencia macroeconómica es, la mayor parte del tiempo
despreciable; lo que importa a una autoridad monetaria es más bien, la
presencia de monedas extranjeras dentro de las carteras de agentes y dentro de
sus transacciones.
En el fondo qué podemos
aportar al análisis de este vasto ensamble de instrumentos débilmente
monetarios más de lo que nos aporta el análisis habitual de la substitución de
monedas?
En primer lugar la influencia
de monedas paralelas pueden ser decisivas para la política monetaria. En un
país, tal como el ex Zaire, de estructuras bancarias casi inexistentes, con
prácticas monetarias poco desarrolladas, de distribución poblacional muy
desigual, se puede analizar la hiperinflación y proponer soluciones de la misma
forma en que lo haríamos para Brasil o para la ex URSS?. Las estructuras
mentales de la población enfrentadas a la moneda se traducen en prácticas
monetarias específicas que no pueden traducir los indicadores de masa
monetaria, inflación, dolarización de depósitos bancarios. Esto es válido, no
solamente para los países presos de la hiperinflación, sino también para una
gran cantidad de países del tercer mundo en donde las prácticas monetarias son
diferentes de las prácticas occidentales.
En segundo lugar la
existencia de monedas paralelas conduce a interrogantes sobre la moneda, menos
económicos que sociales o antropológicos. Así, en los países occidentales el
empleo de instrumentos sobre cualidades monetarias sin duda discutibles, pero
que sirven de último recurso para las poblaciones marginales (ciertos títulos
de servicio en particular) así como el desarrollo espectacular de sistemas de
cambio local, microsistemas monetarios provenientes de la iniciativa de
particulares para recrear localmente una relación social frágil, provoca
interrogantes en cuanto a la razón de ser de la moneda. No será que la moneda
nacional no tiene su rol enfocado hacia la cohesión social y por ello no
pueda introducir instrumentos con el
fin de reconstruir un poco este vínculo
social? En este caso, el estricto dominio monetario financiero se encuentra
desbordada por la pregunta. Para reencontrar el ensamble de dimensiones de la
moneda hace falta abandonar el cuadro restrictivo de análisis monetarios
tradicionales y utilizar otro análisis que tenga en cuenta estas monedas
paralelas. De esta manera sacamos de su enclave la moneda y la economía para
reinsertarla en una problemática económica, política, sociológica,
antropológica: se vuelve a encontrar la idea maussiana del hecho social en su
conjunto.
En tercer lugar, la pregunta
es si hay que conservar un concepto de moneda inadecuado para tener en cuenta
el fenómeno que aquí nos preocupa. Ciertamente, fuera del empleo de las monedas
extranjeras, éste fenómeno es menos importante cuantitativa que
cualitativamente. Pero él no es solamente permanente (lo reencontramos
cualquiera sea la época de nuestra historia contemporánea), pero también
generalizado, (se encuentra en cualquier lugar). Como tal, debería ser
analizado el también como un fenómeno monetario. El concepto de moneda debe,
pues tenerlo en cuenta.
En cuarto lugar el
encasillamiento propuesto por los instrumentos monetario paralelos, pero
también de un menor grado de certeza, por los instrumentos monetarios
nacionales, pueden poseer dificultades teóricas considerables. Esto propone el
interrogante de la cuestión sobre la funcionalidad efectiva de instrumentos
monetarios, hipótesis fundamental de la teoría monetaria, y de la significación
de masas monetarias que resumen instrumentos empleados de maneras diferentes.
En total, las monedas
paralelas representan un doble entretejido:
· Representan un entretejido
empírico, en este sentido, por bien que se las delimite, hace falta conocer
cada una de sus manifestaciones.
· Representan un entretejido
teórico, en este sentido parecería difícil conciliar los enfoques tradicionales
de la moneda con este fenómeno. Éste es su escape, pues sus presupuestos
ignoran la posibilidad de uso de otros instrumentos monetarios, diversificados
y tal vez muy parciales, al lado de las monedas nacionales excepto por ésta
función, no específicamente monetaria que es la de reserva y por las
situaciones excepcionales y paroxísticas como la hiperinflación.
Las monedas paralelas observadas en
nuestro sistema monetario contemporáneo tendrían cosas a enseñarnos en dos
niveles:
· En un nivel estrictamente
contemporáneo, los instrumento monetarios paralelos son una porción indisoluble
de nuestros sistemas monetarios, sin necesariamente percibirlo, teniendo en
cuenta nuestra visión habitual de la moneda.
· En un nivel que no está
forzosamente ligado a nuestro contexto histórico, las monedas paralelas nos
proveen de reflexiones en el centro mismo del concepto de la moneda y de la
manera en que ésta es vivida por los actores.
El primer nivel de reflexión
conduce al análisis preciso de la coexistencia y de la coherencia de las
monedas paralelas en el seno de los sistemas de pago. El segundo nivel de
reflexión es más fundamental. La amplitud y la diversidad del fenómeno o de las
mismas monedas extranjeras hacen necesario en efecto, una investigación:
· a fin de formalizar de una
manera más correcta un concepto de moneda capaz de tener en cuenta todas estas
manifestaciones de las monedas paralelas.
· a fin de armar un esquema
teórico de prácticas monetarias en el cual las monedas paralelas no sean
instrumentos utilizables en casos de crisis, sino que sean instrumentos
susceptibles de existir de manera permanente y al margen de toda situación de
crisis.
Pistas para un re-examen
crítico del concepto de moneda
La definición tradicional de
la moneda pasa por la exposición de sus funciones. Aquí desplazaremos la
perspectiva de funciones hacia las prácticas monetarias.
Charles Rist se negaba a
definir la moneda21. Para él, en efecto, el fenómeno monetario es
demasiado dispar; una definición no nos permitiría abarcarlo. Sobre todo, Rist
creía que se le otorga a esta definición, teniendo en cuenta las diversidades
de la moneda, los caracteres mínimos comunes a todos estos fenómenos. Rist cayó
en su propia trampa y ha calificado la moneda de “poder general de adquisición”22,
esto, que es, no solamente una definición, sino una definición restrictiva.
Desde luego, investigar un
ensamble de caracteres que no varían, es decir un “ muy pequeño denominador
común” permite analizar un fenómeno en
asociación con diferentes fenómenos que poseen también estas
características mínimas; pero también permiten restituir su densidad y su especificidad
a cada uno de estos fenómenos, precisamente comparando sus características. En
este caso no se trata de empobrecer el análisis considerando demasiados
instrumentos como monedas, sino por el contrario de enriquecerlo considerando
todo instrumento como poseedor de cualidades monetarias de las que se emplean
en la compra y/o en el pago de deudas. La diversidad de estas cualidades
permite gracias a la continuación del
procedimiento, un análisis rigurosos de los ensambles del fenómeno monetario,
donde uno no puede excluir a priori fenómenos tales como las monedas
paralelas.
Desde que se pone el acento sobre las
prácticas monetarias, la moneda como concepto unificado es puesta en cuestión.
Tal concepto es un velo colocado sobre una realidad compleja. Este concepto se
disuelve en la diversidad de instrumentos que permite la compra y el pago,
mientras que un principio genérico subsista, éste solo es susceptible de
unificar esta diversidad. Es esta articulación jerárquica entre el nivel de la
multiplicidad, objeto de práctica de actores y el nivel de la unidad
sistemática la cual se trata aquí de destacar.
La moneda aparece de esta
manera como la articulación de dos realidades distintas: como instrumentos
(concretos o abstractos) que permiten prácticas de compra y pago de deudas, y
el sistema de pago en la cual estos instrumentos toman sentido. Toda sociedad
en efecto, reposa sobre relaciones de deudas entre los actores que la componen.
La gestión de estas deudas está en el centro de la dinámica social; desde luego
la moneda es, precisamente, un sistema de resolución de deudas que se traduce
por la existencia de un sistema de pagos.
Como instrumento monetario,
la moneda aparece bajo un aspecto fragmentario. Consiste en instrumentos de una
gran variedad. Cada uno posee una cualidad monetaria variable y un grado de
encasillamiento variable: el grado de cualidad monetaria de cada instrumento de
compra o de pago varía según los límites temporales, geográficos, económicos y
sociales que la ley, pero, sobre todo los actores, imponen a su uso. Cada
instrumento monetario sirve para la venta o la compra, muy raramente los dos al
mismo tiempo. Ninguno podría pretender constituir por él mismo, una moneda.
De ahí el segundo nivel de
definición de la moneda: ésta constituye un sistema monetario o sistema de
pago. Es el aspecto unificado de la moneda. Este sistema está compuesto de una
multitud de instrumentos. Se asemeja necesariamente a las dos funciones
fundamentales, de cobro y de pago: el pago sin cobro previo es trueque; el
cobro fuera de todo sistema de pago no constituye un sistema monetario. En
total, la moneda aparece como un principio de resolución de deudas, principio
que reposa necesariamente sobre el pago de deudas previamente cobradas/
facturadas/debidas.
Desde luego, la idea de una
“moneda plena”, forma perfecta de la moneda, que se asemejaría a la vez, el
cobro, el pago y la reserva de valor, en oposición a las “monedas parciales”,
que no se asemejarían más que a una o dos de estas funciones, no puede sostenerse23.
Una moneda entendida como instrumento, no es jamás, salvo excepción, empleada
en el cobro, en el pago o como reserva de riqueza (ahorro?). Por el otro lado,
la moneda entendida como sistema se asemeja necesariamente al principio de
cobro y de pago, y el de la conservación de la riqueza, esto último también
agregado a partir de que este sistema sea viable y perdure.
La moneda, vista como
sistema, aparece como una institución. En efecto ella está constituida por
reglas; por otra parte, procede de un principio institucional de socialización
de actores. La moneda se presenta como principio de resolución de deudas
fundamentalmente inscriptas dentro de la organización social, y como un
ensamble de instrumentos incomprensibles fuera d su empleo en el seno de grupos
de actores. Esto puede conducir a lo que podríamos calificar de nominalismo
institucional” .
Pistas para analizar el
proceso de la integración social de la moneda
Además del concepto de
moneda, el empleo permanente de monedas paralelas en la economías
financieramente estables cuestionan los determinantes de la aceptación
colectiva de instrumentos monetarios, lo que calificaríamos aquí de integración
social de la moneda24. Sí, en efecto las prácticas monetarias de los
actores comprenden de manera permanente y no traumática una serie de
instrumentos monetarios, además de las monedas nacionales, esto significa que
los principios comunes a todos estos instrumentos monetarios presiden a su
empleo. Desde un interrogante preciso sobre las monedas paralelas nos dirigimos
hacia un interrogante mayor y fundamental sobre los determinantes de las
prácticas monetarias.
Una interrogación de este
tipo toma la moneda como instrumento, sabiendo que un instrumento no puede ser
comprendido fuera del principio general de resolución de deudas que contienen
otros varios instrumentos. Esto significa que los instrumentos monetarios
paralelos empleados, sean agregados y se integran al sistema monetario
nacional, sean integrados en un sistema monetario paralelo. El primer caso es
por ej. el de los bonos de compra de validez limitada tal como los títulos de
servicio desarticulan legalmente al sistema de pagos nacional; el segundo caso
es el de las monedas de círculos de cambio que se presentan como sistemas de
pagos autónomos de un sistema monetario nacional aunque jerárquicamente
incluido en éste. De tales sistemas monetarios paralelos no existe ninguno que
se oponga directamente a los sistemas monetarios nacionales, sino a los
sistemas monetarios jerárquicamente inferiores.
La jerarquía de los niveles
sociales aparece en el centro del análisis de las prácticas monetarias
integrando la posibilidad común del empleo de monedas paralelas. La
observación, por ej. de la sociedad francesa del antiguo régimen muestra que la
integración social de la moneda es un proceso diferenciado y jerarquizado25.
Jerarquía y diferencia permiten a cada uno estar en presencia de un ensamble de
instrumentos monetarios de los cuales la diversidad es muy inferior a aquella
percibida por los que adoptan una visión global de la economía, ambos permiten
entonces globalmente una gestión de la complejidad monetaria. La sociedad
aparece así como una comunidad de pago compuesta por grupos monetarios
jerárquicamente articulados.
La comunidad de pago
es un grupo de actores que se identifican con el sistema monetario nacional. Le
da al ensamble de actores los principios comunes de resolución de deudas. La
comunidad de pago constituye la totalidad social incluso dentro de los cambios
o interviniendo su moneda26.
Los grupos monetarios
son los ensambles de actores de
prácticas monetarias homogéneas y jerárquicamente insertadas dentro de
la comunidad de pago27. Sus prácticas monetarias respetan los
principios comunes de resolución de deudas dadas por la comunidad de pago; cada
grupo, no emplea todos los instrumentos de la moneda nacional y emplea los
instrumentos entre ellos algunos paralelos.
De este modo un sistema
monetario define una comunidad de pago que se estructura en grupos monetarios
donde las prácticas son más homogéneas, y no alcanzan solamente los
instrumentos inscriptos dentro del sistema monetario en cuestión. Las monedas
paralelas aparecen, no como un fenómeno patológico, sino normal, en el centro
mismo de los sistemas monetarios.
Una vez que se ha conceptualizado
esta posibilidad, aún queda el interrogante de qué es lo que concurre a la
integración social de los diversos instrumentos monetarios. La confianza
aparece como factor principal28. Ella se enraíza en la memoria de
los actores, que tienen en cuenta la práctica cotidiana y la efectividad de las
garantías institucionales establecidas por la autoridad monetaria. Ella se
alimenta también de la percepción de los actores, de los instrumentos y de la
autoridad monetaria.
Tres elementos concurren a
esta percepción. En primer lugar, la comunidad de pago puede aparecer como
totalidad social, incluso dentro de cada acto de cobro (por el sesgo de la
simbología de la unidad de cobro) y dentro de cada acto de pago (por el sesgo
de los símbolos afectados sobre los medios y órdenes de pago). En segundo lugar
los grupos monetarios son el crisol de una proximidad relacionada que
contribuye a la homogeneización de las prácticas monetarias y a su
legitimización. En tercer lugar el fenómeno de apropiación cultural de la moneda permite que los actores que emplean un
instrumento lo sientan como legítimo.
La confianza permite sobre todo, que
los actores se proyecten en el futuro. Esta proyección produce anticipaciones y
la formación de un consenso social relativo a diversos instrumentos monetarios
empleados, donde algunos son las monedas paralelas. El consenso se traduce por
actos presentes de cobro y de pago y terminan por trascender la idea misma de
la confianza, antes de ser el mismo progresivamente trascendido por la rutina que
poco a poco emerge de la perpetuación y de la autovalidación de los
comportamientos colectivos.
Dentro de estas prácticas
monetarias, síntesis complejas de tiempos memoriales y anticipados, de
proyecciones individuales y de pesos colectivos, las monedas paralelas aparecen
como una realidad permanente y banal. No se trata de que sean expedientes o de
elementos transitorios, sino de instrumentos monetarios verdaderos que participan
en su empleo en la gestión de deudas y en la socialización de actores tanto
como otras monedas.
El examen de las monedas
paralelas plantea muchos interrogantes y pocas respuestas. La permanencia de su
empleo en las economías financieramente estables y la diversidad de sus
manifestaciones cuestiona el fundamento mismo de la teoría monetaria. El punto
de partida de este re-examen crítico es este acento puesto sobre las prácticas
monetarias de los actores. En primer lugar el concepto de moneda pasado por el
tamiz de estas prácticas, se disuelve en un doble concepto: la moneda es a la
vez instrumento parcial y encasillamiento, y sistema de instrumentos
monetarios. En suma ella aparece como principio de resolución de deuda. En
segundo lugar, si las prácticas monetarias paralelas son dadas
generalizadamente por nuestras sociedades contemporáneas, entonces debe llegar
a comprenderse la manera en la que estas prácticas monetarias se organizan y se
acomodan de acuerdo a la complejidad monetaria. Por ello parece necesario hacer
intervenir la articulación jerárquica existente entre la comunidad de pago y
los grupos monetarios.
Aglietta, Michel.
- 1988, “ L’ambivalence de l’argent ”, Revue Française d’Économie, vol. III, n°3, été, pp. 87-133.
Aglietta, Michel. Orléan, André.
- 1982, La violence de la monnaie. Préface Jacques Attali. Paris : PUF (Économie en liberté). 324 p.
- 1995, (eds), Souveraineté, légitimité de la monnaie. Paris : AEF (Cahiers Finance éthique confiance). 417 p.
- 1998, (eds), De la monnaie : dette, souveraineté,
confiance. Paris : Odile Jacob, à paraître.
Aucuy, Marc.
- 1907, Les systèmes socialistes d’échange. Thèse.
Paris : Félix Alcan. 382 p.
Barber, William J.
- 1996, Designs within Disorder. Franklin D. Roosevelt, the Economists, and the Shaping of American Economic Policy, 1933-45. New York : Cambridge University Press. 178 p.
Bernoux, Philippe. Servet, Jean-Michel.
- 1997, (eds), La construction sociale de la confiance, Paris : AEF / Montchrestien. 484 p.
Blanc, Jérôme.
- 1994, “ Les citoyens face à la complexité monétaire : le cas de la France sous l'Ancien Régime ”, De Pecunia, VI(3), décembre, pp. 81-111.
- 1997a, “ La monnaie de compte et son intégration sociale : l’enjeu du temps ”, Cahiers du Gratice, n°12, 1er semestre, pp. 199-219.
- 1997b, “ Monnaie, confiance, et temps ”, in : Bernoux et Servet (eds) [1997], pp. 119-145.
- 1997c, “ Quelques jalons historiques pour mieux comprendre les systèmes d’échange local ”, working paper, n°210, décembre, 17 p.
- 1998, Les monnaies parallèles. Approches historiques et théoriques. Thèse. Université Lumière Lyon 2, janvier, 772 p.
Cagan, Phillip.
- 1956, “ The Monetary Dynamics of Hyperinflation ”, in Milton Friedman (ed.), Studies in the Quantity Theory of Money, Chicago : Chicago University Press, pp. 25-117. (Reproduit dans Capie [1991]).
Calvo, Guillermo A. Rodriguez, Carlos A.
- 1977,
“ A Model of Exchange Rate Determination under Currency Substitution and
Rational Expectations ”, Journal of Political Economy, vol. 85,
june, pp. 617-625.
Capie, Forrest H.
- 1991,
(ed.), Major Inflations in History. Aldershot, Brookfield : Edward Elgar
Publishing (The International Library of Macroeconomic and Financial History,
I). 664 p.
Carr, Edward Hallet.
- 1974, La révolution bolchevique (1917-1923), vol. 2 : “ L’ordre économique ” [The Bolshevik Revolution (1917-1923), 1952]. Trad. A. Jacquenet et M. Pouteau. Paris : Éditions de minuit (Arguments). 421 p.
Cartelier, Jean.
- 1996, La monnaie. Paris : Flammarion (Dominos,
n°83). 125 p.
Commons, John R.
- 1989, Institutional
Economics. Its place in Political Economy [1934]. 2 volumes. Introduction
Malcolm Rutherford. New Brunswick, London : Transaction Publishers. 648 p.
Courbis, Bernard. Froment, Éric. Servet, Jean-Michel.
- 1990, “ À propos du concept de monnaie ”, Cahiers d'Économie Politique, n°18, pp. 5-29.
- 1991, “ Enrichir l'économie politique de la monnaie par l'histoire ”, Revue Économique, vol. 42, n°2, mars, pp. 315-338.
Delannès, Janine.
- 1938, La monnaie fondante. Thèse. Poitiers : Université de Poitiers. 147 p.
Dupuis, Serge.
- 1991, Robert Owen, socialiste utopique. 1771-1858. Paris : Editions du CNRS. 361 p.
Fisher, Irving.
- 1933, Stamp
scrip. New York.
Gesell, Silvio.
- 1948, L’ordre économique naturel [1911]. 8e
édition. Trad. Félix Swinne. Paris : Marcel Rivière. 402 p.
Girton, Lance. Roper, Don.
- 1981,
“ Theory and Implications of Currency Substitution ”, Journal of
Money, Credit and Banking, vol. 13, n°1, february, pp. 12-30.
Hayek, Friedrich von.
- 1978, Denationalisation of Money. The Argument Refined. An
Analysis of the Theory and Practice of Concurrent Currencies [1976]. 2e
édition. Préface Arthur Seldon. London : IEA (Hobart Paper Special 70). 144 p.
Herland, Michel.
- 1977, “ ’Perpetuum mobile’ et crédit gratuit. Deux propositions oubliées pour améliorer le fonctionnement d’une économie monétaire ”, Revue économique, n°6, novembre, pp. 938-973.
- 1992, “ L’utopie monétaire de S. Gesell : un cas d’hétérodoxie entre Wicksell et Keynes ”, in : Richard Arena et Dominique Torre (eds), Keynes et les nouveaux keynésiens, Paris : PUF, pp. 59-80.
Hicks, John. R.
- 1967, Critical
Essays in Monetary Theory. Oxford : Clarendon Press. 215 p.
- 1991, Monnaie
et marché [A Market Theory of Money, 1989]. Trad. Henri P. Bernard
Paris : Economica. 150 p.
Keynes, John Maynard.
- 1969, Théorie générale de l’emploi, de l’intérêt et
de la monnaie [General Theory, 1936].
Trad. Jean de Largentaye. Paris : Payot (Bibliothèque Scientifique
Payot). 387 p.
Knapp, Georg Friedrich.
- 1973, The State Theory of Money [Die Staatlische Theorie des Geldes, 1924]. New York : Augustus M. Kelley Publishers (Reprints of Economic Classics). 306 p.
Orléan, André.
- 1980, L'histoire monétaire de l'Allemagne entre 1848
et 1923. Un essai d'analyse théorique. Thèse. Paris : Université Paris I -
Panthéon Sorbonne. 295 p.
Owen, Robert.
- 1963, A New View on Society and Other Writings. Intro. by G.D.H. Cole. London : Everyman’s Library. XIX+298 p.
Pirou, Gaëtan.
- c.1945, Traité d’économie politique, tome II : le mécanisme de la vie économique, 1 : “ La monnaie ”. Paris : Sirey. 518 p.
Prokopovicz, Serge N.
- 1952, Histoire économique de l’URSS. Trad. M. Body. Paris : Flammarion. 627 p.
Rist, Charles.
- 1951, Histoire des doctrines relatives au crédit et à la monnaie depuis John Law jusqu’à nos jours [1938]. 2e édition. Paris : Sirey. 540 p.
Salama, Pierre.
- 1989, La dollarisation. Essai sur la monnaie, l'industrialisation et l'endettement des pays sous-développés. Postface Luiz Carlos Bresser Pereira. Paris : La Découverte (Agalma). 102 p.
Salama, Pierre. Valier, Jacques.
- 1990, L'économie gangrenée. Essai sur
l'hyperinflation. Paris : La Découverte (Textes à l'appui). 220 p.
Selgin, George A. White,
Lawrence H.
- 1994, “ How Would the Invisible Hand Handle Money ? ”, Journal of Economic Literature, vol. XXXII, december, pp. 1718-1749.
Servet, Jean-Michel.
- 1979, “ Essai sur les origines des monnaies ”, Cahiers monnaie et financement, n°8, juin, 205 p.
- 1981, “ Genèse des formes et pratiques monétaires ”, Cahiers monnaie et financement, n°11, 494 p.
- 1996, “ La mémoire monétaire de l'Afrique... et d'ailleurs ”, Économies et sociétés, Relations économiques internationales, série P, vol. 33, n°1, pp. 87-103.
- 1997, (ed.), Monnaies locales et lien social :
l’émergence des systèmes d’échange local. Rapport remis à la Caisse des
Dépôts et Consignations. 111 p.
White, Lawrence H.
- 1993 (ed.), Free Banking. 3 vols. Aldershot : Edward Elgar. 377, 343, 397 p.
[1] (*)
Doctor en Ciencias Económicas, Universidad Lumière, Lyon. El presente ensayo es
un trabajo que sintetiza los principales puntos de una tesis sobre las monedas
paralelas. Enero, 1998