Comercio justo y consumo ético
hacia intercambios conscientes y solidarios
Texto
sintético presentado por
el
Chantier “Comercio justo” de
la
Alianza para un mundo responsable y solidario
La división internacional del trabajo ha
perpetuado para muchos países del Sur la necesidad de especializarse en
productos de exportación. La ideología de la globalización esconde mal el hecho
que la mayor parte de la circulación de valores ocurre entre las regiones del
mundo en donde se concentra el capital financiero e industrial. Estos
diferentes elementos explican que una gran parte de la población mundial sigue
siendo tributaria de la producción de productos primarios para la exportación,
y que soporta generalmente sola el peso del riesgo inherente a los intercambios
mundiales. Esta situación de dependencia no deja de tener un impacto sobre la
pérdida de autosuficiencia alimentaria en ciertas regiones del mundo, y sobre
la desestructuración de los territorios, los cuales pierden su vocación primera
de lugares de vida para volverse en simples anexos de un sistema mundial de
producción.
Durante los años 1960
apareció, principalmente en Europa, un movimiento reivindicándo el “comercio
justo”. Preocupado ante todo por “el intercambio desigual” entre productos
industriales y productos agrícolas, busca reemplazar las relaciones de ayuda
entre los países del Norte y los países del Sur por vínculos de solidaridad en
el intercambio económico, permitiendo a los del Sur desarrollarse sin ayuda.
Estas consideraciones se resumían en el eslogan Trade not Aid. Por la
venta de productos tradicionales y agrícolas en tiendas alternativas, luego de
productos con etiquetas "comercio justo" hasta en ciertos
supermercados, el comercio justo logró establecer una relación más directa
entre los productores del Sur y los consumidores del Norte. Estableció criterios precisos que
permiten sacar del juego a los intermediarios tradicionales y así acercarse de
un "precio justo" para los productores a través de una distribución
más equitativa del valor añadido entre los productores y los importadores.
El establecimiento de
canales de distribución según reglas económicas y éticas precisas permitieron
la promoción de nuevos actores, normalmente sumisos a las relaciones de fuerza
dominantes. Aquello incitó cooperativas de pequeños productores a organizarse y
produjo un reconocimiento de su papel en la construcción de un tejido
socioeconómico que garantice un desarrollo realmente social y el bienestar de
las familias que forman parte de él. El desarrollo de estos canales de
distribución con criterios precisos estimuló la organización democrática de los
productores. En el Norte, organizaciones de la sociedad civil aparecieron para
apoyar este tipo de intercambio, y para establecer un control del cumplimiento
con aquellos criterios de ejercicio por todos los actores en los canales de
distribución justos.
Muchas personas del
Norte y del Sur saben que las estructuras del comercio internacional están en
la base misma de los desequilibrios mayores de nuestro tiempo. La sacralización
del “mercado”, el crecimiento de la producción material y la circulación
acelerada de los bienes y los símbolos de valor, y la confusión de bienestar y
desarrollo con esta producción y esta circulación han hecho que la esfera
económica esté omnipresente en la vida social. La ilusión de libertad ante a
una oferta de productos cada vez más importante esconde mal la homogeneización
de los comportamientos causados por el consumismo, frente al cual sólo la
“defensa del consumidor” trata de plantear, con dificultad, otros valores.
El propósito del
movimiento de comercio justo y consumo ético, más allá de las cuestiones de la
calidad de los productos y su adecuación con el confort y la salud de los
consumidores, es re-socializar el intercambio comercial. En otras palabras, por
un acto repetido y consciente de elección de productos conformes con ciertos
criterios éticos, el consumidor puede volverse actor e influir a favor de una dirección
ambicionada y conocida la situación de productores que se encuentran en otra
región del mundo. De esta manera, el comercio justo hace posible reemplazar una
relación de comercio caracterizada para los productores y los consumidores
finales por la abstracción y la irresponsabilidad, por una relación más directa
y solidaria.
Este movimiento se ha
invertido en unos canales de distribución muy precisos, cuya importancia es
simultáneamente simbólica y real para los países del Sur. Se trata de productos
de consumo muy corriente en los países ricos: café, cacao, plátano, etc., o de
productos tradicionales en que se expresa parte de la riqueza cultural de estos
países. El comercio justo supo innovar sus métodos durante los años 1980 para
dirigirse a todo los consumidores: la creación de etiquetas de comercio justo
hizo posible distribuir algunos productos socialmente y ecológicamente
equitativos en puntos de venta grandes sin abandonar su especificidad.
El dinamismo de los
actores del comercio justo de los productos del Sur (productos tropicales y
artesanía) explica que el comercio justo se percibe en el Norte principalmente
como un movimiento de solidaridad en el intercambio de productos del Sur. Sin
embargo, tanto en el Norte como en el Sur, existen otras prácticas que también
reflejan legítimamente una ética solidaria del comercio, por consiguiente del comercio
justo, aunque se sitúen a escala local o regional. Es el caso, por ejemplo,
de la agricultura apoyada por la comunidad (en inglés, Community
Supported Agriculture), que se practica en los países europeos y
norteamericanos, proponiendo nuevas formas de solidaridad entre las ciudades y
el campo, y un comercio que contribuya al desarrollo del territorio. Existen
sin duda otras prácticas solidarias de comercio justo que contribuyen al
desarrollo de la economías locales. Ésta en particular tiene el valor de
ilustrar una forma de complementariedad con el comercio justo Norte-Sur.
En
las últimas décadas, las ventas de productos equitativos del Sur, sobre todo
agrícolas, han aumentado significativamente en ciertos países de Europa (Países
Bajos, Alemania, Suiza, Bélgica, Dinamarca, etc.) e incluso en Norteamérica. La
introducción de productos con etiquetas de comercio justo en la gran distribución
ha facilitado una extensión significativa del comercio justo. Aunque sea
difícil evaluar su impacto real, esta progresión constituye una indicación
alentadora para una regulación ciudadana de intercambios comerciales.
Indiscutiblemente, el comercio justo forma parte del movimiento general de
economía solidaria, constituyendo una práctica que se expresa más bien a nivel
de intercambios internacionales. Las preocupaciones provocadas por la globalización de los intercambios y sus
efectos desestructurantes sobre las economías y las solidaridades locales
conducen a examinar la experiencia del comercio justo a la luz de los presentes
desafíos para el desarrollo de intercambios equitativos.
El movimiento de comercio justo ha garantizado el desarrollo de canales de distribución en que el acto de compra toma un aspecto ético y político. La época en que comprar un producto del comercio justo en una tienda alternativa reflejaba más un gesto militante que un acto consciente ha pasado en parte. El movimiento se ha construido para responder simultáneamente a las expectativas de los productores y al requisito de calidad del consumidor. De esta manera, ha permitido contradecir algunos mitos fundadores de una visión de la modernidad asociada con el mercado: eficacia automática de la “mano invisible”, efectos positivos del individualismo y la irresponsabilidad en el intercambio, etc. Hoy es posible pensar una re-socialización y politización del intercambio económico, del que el comercio justo es una ilustración.
De este punto de vista, los objetivos del comercio justo convergen con
otros movimientos comprometidos en acciones concretas. Por ejemplo, el
movimiento de consumo responsable propone más bien informar al consumidor sobre
el origen y las condiciones de producción e intercambio de los productos que
compra; comisiones en los países del Sur y organizaciones de difusión de
información dirigen conjuntamente campañas de conscientización sobre las
condiciones de trabajo de los empleados en los países del Sur y llaman al
cumplimiento con las reglas mínimas definidas por la Organización Internacional
del Trabajo (OIT). Se puede mencionar igualmente la finanza solidaria, que aplica
principios de solidaridad en los campos del ahorro y de la inversión, o el
movimiento recién nacido de turismo responsable.
Entre todas las nuevas formas
de practicar la economía, el comercio justo es el que sin duda tiene la
experiencia más larga en intercambios Norte-Sur. Aunque se pueda designar como
teniendo cierta ejemplaridad, no puede en la exclusiva contestar los desafíos
planteados por la extensión del intercambio comercial en todas las esferas de
la vida. Los efectos desestructurantes y polarizadores de esta progresión no sólo
aparecen en el plan de una distribución injusta de los ingresos. Se manifiestan
también en otros planes, más complejos: desestructuración de los territorios,
homogeneización cultural, control de la información, etc. Para que el comercio
justo siga constituyendo una respuesta adecuada, es necesario ponerlo en la luz
de los desafíos presentes.
2.
Desafíos del comercio justo
Paradojas
del desarrollo del comercio justo
El movimiento del comercio justo se
encuentra al cruce de caminos. Su entrada en los canales de gran distribución
le ha permitido tocar una población más general. Este desarrollo parece hacerse
con el riesgo que los productos del comercio justo no constituyan, como los
productos biológicos, nada más que un segmento en la variedad de productos
ofrecidos a los consumidores en los super e hipermercados, y que
progresivamente las campañas marketing se sustituyan a las campañas ciudadanas.
El comercio justo habrá entonces permitido la integración de un algunos
productores del Sur en el comercio mundial, pero abandonado en camino su
dimensión “crítica” del comercio internacional y su ambición de promover otras
formas de producir y consumir. Paradójicamente, el comercio justo podría
entonces verse únicamente como un medio para aumentar la eficacia y la equidad
del mercado por una mejoría en la información al consumidor y la supresión de
algunas barreras a la entrada de los mercados. Los militantes del comercio
justo se unirían entonces con los liberales en la creencia que basta más
transparencia sobre los precios y sobre las condiciones de producción de bienes
y servicios para hacer posible una regulación equitativa de los intercambios
comerciales por el consumo.
Mientras deseen la ampliación de las cuotas de
mercado del comercio justo, los participantes del Chantier insisten al
contrario en el desarrollo de la dimensión política y ciudadana que ha fundado
las prácticas de comercio justo. Se requieren ciertas condiciones para que el
comercio justo participe a largo plazo en el desarrollo de un Mundo responsable
y solidario.
Desarrollo
de economías y solidaridades locales
Uno de los
principales desafíos planteados por las estructuras dominantes de la economía
mundial es garantizar el desarrollo integrado de los territorios, tanto en el
Sur como en el Norte. La dinámica del comercio mundial no sólo ha producido
intercambios desiguales, sino también una desestructuración de los territorios
y el sacrificio del medio ambiente al servicio del “desarrollo”. Si se pensaba en los años 1960 que bastaba asegurar una
mejor distribución del incremento para promover el desarrollo, la cuestión
aparece hoy como más compleja. La fractura económica y social no sólo se
encuentra en el Sur, mas también está surgiendo en las regiones del Norte.
Para integrar
estas preocupaciones a sus objetivos, el comercio justo debe abrirse a una
definición ensanchada de su propio objeto, permitiéndole articularse con
prácticas innovadoras y más bien localizadas en el plan del desarrollo local.
La consideración de criterios únicamente económicos en la construcción de
“precios justos” no es suficiente para garantizar el equilibrio de los
intercambios. Se necesita también contribuir, en particular, a la
autosuficiencia alimentaria y a la conservación del medio ambiente.
Por
eso el comercio justo no puede limitarse a la exportación de productos de
exportación clásicos, con el riesgo de crear algunas pocas “isletas” de
desarrollo cuidadosamente protegidas, algo como “paraísos artificiales”,
ocultando un contexto general en que las poblaciones habrán perdido el control
sobre su destino. La existencia de prácticas como la de la “agricultura
apoyada por la comunidad”, y el acercamiento entre los actores del comercio
justo y los de la agricultura biológica constituyen señales alentadoras de una
evolución en este sentido. El desafío de la construcción económica solidaria en
el Norte y en el Sur hace aparecer la necesidad de encontrar articulaciones
entre diferentes escalas de acción, desde la región o la comunidad local hasta
el comercio internacional.
Comunicación y circulación de
la información
El comercio justo propone
canales de comercialización en los que se puede tener toda la información sobre
los ingresos de los diferentes actores (productores, importadores, etc.).
Existen agencias independientes de certificación de comercio justo que
garantizan la transparencia de esta información, y señalan con etiquetas los
productos que cumplen con los criterios establecidos. Esta innovación es
interesante y define los contornos de una economía más humana y responsable.
Podría sin embargo encontrar obstáculos en los límites que las negociaciones
sobre el comercio internacional podrían imponer en el campo de etiquetas de
productos. Se necesitará entonces defender el derecho a toda la información
sobre los productos, incluso sobre sus calidades “invisibles” (efectos sobre el
medio ambiente, condiciones de los productores, etc.)
También se necesita encontrar
medios prácticos y jurídicos para poner más información a disposición de los
productores y los consumidores. Es por ejemplo posible establecer criterios que
corresponden a los diferentes aspectos de un producto (condiciones de
producción, respeto del medio ambiente, de la salud, o incluso del mundo
animal). Pero no se debe olvidar que muchos criterios varían de una cultura
para otra. La democracia, la justicia o la salud no tienen la misma definición
en todas las culturas. La cuestión de la circulación de información nos
recuerda que más allá del intercambio de información sobre datos brutos, como
lo son los datos económicos, todavía se requiere un diálogo entre los
productores, los distribuidores y los consumidores, que se base en una real
reciprocidad. De esta manera las poblaciones del Sur podrían, por ejemplo,
expresar su punto de vista sobre las formas de vida en el Norte.
En suma, las consideraciones
sobre el comercio justo deben llevarlas los actores directamente involucrados,
las poblaciones del Sur y del Norte, no sólo los especialistas.
La cuestión del reconocimiento
público
El
reciente desarrollo del comercio justo ha llamado el interés de algunos grandes
distribuidores. La progresión de las ventas de productos del comercio justo en
ciertos países ha sido posible de hecho por la participación de algunas grandes
cadenas de distribución. Esto no tiene nada de chocante con tal de que los
organismos de certificación puedan garantizar el valor ético de sus productos,
simbolizado por las etiquetas independientes. La multiplicación del etiquetas
propias y cartas y códigos de conducta de ciertos distribuidores o grandes
empresas pueden sin embargo confundir a los consumidores no bien informados.
Por eso se necesita ver con precaución el interés de estos actores económicos
importantes en la ética.
Las
señales tardías de un reconocimiento público del comercio plantean una cuestión
relacionada, la de la coherencia de las políticas del regulación económica.
Aunque el Parlamento Europeo haya adoptado algunos principios de comercio justo[1],
también ha vuelto a cuestionar los principios que guiaron los acuerdos de Lomé
y que garantizaban intercambios más equitativos con los países de Africa, el
Caribe y el Pacífico. La promoción del comercio justo a gran escala no podrá
eludir la discusión sobre el fundamento de la política económica actual ni una
verdadera reflexión sobre las condiciones de un desarrollo equilibrado y
sostenible. Si no, los gestos simbólicos de los gobernantes a favor del
comercio justo no tendrán ningún alcance real.
La
permeabilidad de los actores más poderosos a la retórica del comercio justo
debe considerarse bajo varios aspectos en el sector del comercio justo. Se debe
apoyar las regulaciones públicas y privadas del comercio internacional que van
en la buena dirección, pero evitando el juego de las acciones y medidas
únicamente simbólicas, las que cubren el contenido de las prácticas dominantes
que siguen favoreciendo el juego de relaciones de fuerza desequilibradas.
Los participantes del Chantier
Comercio Justo de la Alianza para un mundo responsable y solidario tiene claro
que el desarrollo del comercio justo no ofrece una solución mágica a las
dificultades de la globalización. Han podido de hecho medir la ambivalencia y
los límites de ciertas prácticas del comercio justo. Por ejemplo, el apoyo en
el Norte de normas ligadas con la seguridad o la conservación del medio
ambiente para ciertos productos a nombre de la información y el bienestar del
consumidor puede conducir a suprimir el acceso a los mercados por los
productores del Sur quienes no se puedan adaptar.
La fuerza y la debilidad de
los valores del comercio justo provienen del hecho que tienen varios objetivos
a veces difíciles de reconciliar: desarrollo de culturas de exportación y
desarrollo local, integración al mercado y preservación de la cultura indígena,
desarrollo por la gran distribución y crítica del consumismo. Sin pretender
poder sistemáticamente cumplir con todos los criterios y reconciliar todos los
intereses de los productores y de los consumidores, el gran mérito de las
prácticas de comercio justo es haber puesto en debate público las exigencias
mínimas para un comercio justo. En esto, los militantes del comercio justo le
tienen más confianza a la deliberación colectiva que a los mecanismos anónimos
del mercado para lograr a una globalización menos productiva de desigualdades y
de pobreza.
3. Recomendaciones de los participantes
en el encuentro "Comercio Justo"
Los participantes del primer encuentro de la
Alianza para un mundo responsable y solidario sobre el comercio justo y el
consumo ético reconocen en las prácticas de comercio justo y consumo
ético elementos importantes para una promoción ciudadana de intercambios
conscientes y solidarios, a diferentes escalas.
1. Consumir
ético y producir equitativo. Incitan a todos los aliados a
participar en el desarrollo de estas prácticas. A escala individual, los
aliados pueden informarse sobre las formas de acción, sobre los puntos de venta
y los productos de comercio justo; a escala colectiva, pueden sugerir que las
instituciones, organizaciones y empresas con que están en contacto, o en que
tengan alguna influencia, privilegien el consumo de productos éticos, y pueden
difundir tanto sea posible la información relativa a los desafíos de esta forma
de compromiso ciudadano.
2. Incitar a los actores mismos a que
desarrollen sus propias consideraciones sobre el comercio justo, en el Norte y en el Sur. Esto
se puede lograr con la promoción de la comunicación entre los diferentes
actores involucrados en el comercio justo: productores, distribuidores,
consumidores, etc. El establecimiento de redes o mesas de diálogo podría fomentar
esta comunicación, motivada por formas más sociables y solidarias de
participación en la economía del mercado.
3. Defender y
extender el derecho a la información del productor y del
consumidor sobre las condiciones sociales y económicas de producción y
distribución de bienes y servicios, este derecho estando amenazado por las
decisiones multilaterales. Los medios de comunicación actuales podrían usarse
para la constitución de redes de intercambio de información y de productos, y
para el desarrollo de fichas disponibles en una base de datos informática que
se puedan reproducir en forma material.
4. Articular comercio justo y
desarrollo local.
Los participantes sugieren proseguir las consideraciones sobre el desarrollo de
acciones de comercio justo favoreciendo las economías locales, tomando en
cuenta una gestión integrada de los territorios, el desarrollo social y la
conservación del medio ambiente.
5. Alentar alianzas y sinergismo entre
los actores y las iniciativas de comercio justo y las otras prácticas de
economía solidaria. Los
actores del comercio justo y del consumo ético deben buscar articulaciones
entre el comercio justo y las otras acciones que favorecen intercambios
equilibrados y conscientes: finanzas y ahorros solidarios, turismo responsable,
etc.
6. Valorizar la dimensión crítica del
comercio justo y de otras prácticas. Apoyarse en estas experiencias para volver a
pensar las reglas del comercio mundial. Es necesario avanzar una ética del
comercio definida por todos, y no sólo por los intereses de los grandes grupos.
Hay muchas convergencias entre las acciones del comercio justo y la
constitución de redes que proponen formas ciudadanas de regulación de la
economía de mercado, o la conscientización del público. Grupos de la Alianza para un mundo responsable y
solidario que trabajan en estas cuestiones podrían asociarse a estas
consideraciones.
7.
Promover
alternativas al consumismo. Los participantes señalan también la necesidad de promover actividades
no valorizadas comercialmente. La economía no debe invadir todas las esferas de
la vida.
8. Dar
a conocer y promover prácticas de comercio justo y consumo ético dentro de la
Alianza para un mundo responsable y solidario. El Chantier
Comercio Justo llama la atención sobre las convergencias que existen entre los
objetivos del comercio justo y aquéllos de otras iniciativas o temas presentes
en la Alianza para un mundo responsable y solidario, y proponen colaborar con
los chantieres que trabajan sobre problemáticas cercanas, en particular:
¨ El
Congreso sobre la Coexistencia Humana (Quebec, julio 2000), en que llama a
participar.
¨ El
nuevo Chantier sobre la Organización Mundial del Comercio, coordinado por el
RONGEAD.
¨ El
Chantier "Turismo responsable", coordinado en Francia por la organización
Transverses.
¨
El Chantier "Alternativas al consumismo",
presente en Asia del Sudeste.